REPORTAJE: LA GRAN CRISIS
Latinoamérica crece, pero sufre
La región vive lejos de los agobios financieros que azotan a Estados Unidos y Europa, pero estuvo marcada por la grave sangría en México y Centroamérica
SALVADOR CAMARENA 31/12/2011
Sin un papel protagónico en la turbulencia económica internacional que vive el planeta desde el colapso de Lehman Brothers, los países de América Latina pasaron el año 2011 lejos de los agobios causados por los torbellinos financieros que han azotado a Estados Unidos y Europa, pero con los sobresaltos propios de añejos problemas de gobernabilidad, coletazos del monstruo de la violencia (particularmente en Centroamérica y México), el fantasma del fraude electoral en Nicaragua, la frustración ante la democracia que no llega a Cuba y las quejas de clases medias hartas de la desigualdad.
Brasil, que este año ha visto caer a seis ministros por corrupción, pasaría de un crecimiento del 2,9% al 3,5% en 2012
Argentina tendrá que pasar por un ajuste económico si quiere seguir la buena marcha de los últimos años
En los números, y con Brasil en el podio de honor, la región cierra el año con un crecimiento en conjunto de un 4,3% según cálculos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). La información se dio a conocer el 21 de diciembre, cinco días antes de que se supiera que el producto interior bruto brasileño alcanzó en 2011 los 2,4 billones de dólares, con lo que desplazó a Reino Unido como la sexta potencia económica mundial. Esas son las buenas noticias. La mala es que la CEPAL calcula que la región se resentirá más de la crisis mundial en 2012 y el crecimiento se reducirá a 3,7%.
Pero el hecho de que las finanzas no hayan sido el tema lacerante en la región durante el año que concluye no implica que distintas economías nacionales hayan hecho los deberes para quedar lejos de la zona de peligro. La misma CEPAL advierte que países como Argentina pasarán de un crecimiento del 9% a uno que en 2012 podría rondar apenas el 4,8%. Los otros grandes de la región perderán ritmo el año entrante: Chile irá de 6,3% en 2011 a 4,2% en 2012; México de 4% a 3,3%; Perú de 7% a 5%; Venezuela de 4,2% a 3%, y Colombia de 5,5% a 4,5% (siempre según datos de la CEPAL). En cambio Brasil, pasaría de 2,9% a 3,5% el año próximo. Buenas noticias para la presidenta Dilma Rousseff, que el primer año de su Gobierno vio caer a siete ministros, seis de ellos entre acusaciones de corrupción, pero su imagen no se deterioró dado que las salidas fueron vistas como una señal de que la presidenta está comprometida con la "faxina", la limpieza de la corrupción.
Aunque la economía no fue el tema más apremiante para los latinoamericanos, en 2011 cada país de la región tuvo que capotear con distintas escaramuzas, que fueron desde la grave sangría cotidiana en que están convertidas varias zonas de México y Centroamérica a las protestas que orillaron al presidente Evo Morales de Bolivia a cancelar una carretera (y que de paso marcaron el surgimiento de una fisura entre el mandatario boliviano y su base indígena), pasando por la revuelta estudiantil chilena iniciada en mayo, que puso en entredicho el orgullo de la nación que es considerada como la más ejemplar del subcontinente.
Una revisión no estrictamente geográfica de Norte a Sur de los hechos que marcaron el año que termina encuentra a México sumido en la confusión ante la incapacidad de todos para encontrar una salida al problema de la violencia de los grupos criminales que se han adueñado de Estados completos (Tamaulipas, Veracruz, Durango, Michoacán, Zacatecas y Guerrero) y que dominan caminos y poblaciones de otros como Chihuahua, Sinaloa, Coahuila y Nuevo León. Precisamente en la capital de este último Estado se vivió uno de los incidentes más graves del año cuando el 25 de agosto unos criminales prendieron fuego a un local de apuestas de Monterrey, el Casino Royale, en donde fallecieron 52 personas, en su mayoría mujeres. Unas semanas después, el 20 de septiembre en Veracruz, 35 personas asesinadas fueron arrojadas en plena luz del día en una céntrica calle del puerto de ese Estado. El 6 de octubre la cifra se elevaría con el hallazgo de otros 32 cadáveres también en Veracruz. Ese capítulo tuvo una secuela el 24 de noviembre, cuando del otro lado del país, en Guadalajara, y en lo que se considera una venganza por los muertos veracruzanos, fueron abandonados también en un céntrico cruce vial los cadáveres de 26 personas. En medio del inamovible discurso oficial del presidente Felipe Calderón de que no había ni hay otra estrategia posible para combatir a los cárteles ligados originalmente al narcotráfico, pero que hoy también están involucrados en la extorsión, el secuestro y el tráfico de indocumentados, surgió este año un movimiento de víctimas, liderado por un poeta al que le mataron a un hijo. Javier Sicilia logró en este 2011 que miles de familias que han perdido un ser querido se movilizaran por todo el país y reclamaran justicia y atención. El Movimiento para la Paz con Justicia y Dignidad ha sido una verdadera luz de esperanza dentro de la sombría ola de sangre provocada por los alrededor de 50.000 muertos y miles de desaparecidos que se contabilizan de manera extraoficial desde que Calderón comenzó este embate en diciembre de 2006.
El problema de la violencia no se circunscribe ni con mucho a México. En septiembre, un despacho de la agencia Efe recogía las palabras de Heraldo Muñoz, director regional del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), quien advertía que Latinoamérica es la región más violenta del mundo, con 23 asesinatos anuales por cada 100.000 habitantes. "Esta cifra es más alarmante si uno mira por subregiones, como Centroamérica, con 44 homicidios por cada 100.000 habitantes. Hoy hay más muertos que durante el auge de la guerra civil" en varios países centroamericanos.
Los datos del PNUD hacen explicable que en los militares sean hoy vistos como la solución en países como Guatemala u Honduras. Los guatemaltecos eligieron en noviembre pasado a Otto Pérez Molina, un general retirado que asumirá la presidencia el próximo 14 de enero. Y al final del año, el Gobierno hondureño, con el respaldo de buena parte de la sociedad, maniobró para que, ante la corrupción de la policía, sean los militares los que realicen las labores de seguridad y el combate a los cárteles de las drogas. También en El Salvador, el presidente Mauricio Funes evaluaba en noviembre la posibilidad de recurrir a exmilitares para la cartera de seguridad.
Pero la violencia no es el único estigma que sigue vivo en Centroamérica. Las elecciones de Nicaragua fueron un catálogo de irregularidades propias de tiempos que se creían superados. El sandinista Daniel Ortega será de nuevo presidente de ese país a pesar de que la jornada electoral estuvo plagada de indicios de fraude. "El 6 de noviembre de 2011 será recordado en la historia de Nicaragua como el día en que se consuma el proceso de regresión de la transición democrática iniciada en 1990", escribió el periodista Carlos Salinas Maldonado apenas hace diez días. "Haciendo uso del control total ejercido en el Consejo Supremo Electoral (CSE), el poder económico garantizado por la ingente ayuda aportada por Hugo Chávez, aprovechándose de la debilidad de la oposición y con una maquinaria que echó a andar el fraude electoral más descarado de la historia reciente del país, Daniel Ortega lograba una apabullante victoria que dejaría mudos a los oprobiosos funcionarios de la dictadura somocista que garantizaban la continuidad del régimen". Por su parte, Carlos F. Chamorro, en el Confidencial.ni, sentenciaba: "Pese a las denuncias nacionales de fraude y los severos cuestionamientos de los observadores internacionales, constituye una nueva modalidad de golpe de Estado consumado desde el poder. Se trata de un grave precedente en América Latina que plantea a la OEA un dilema insalvable".
Elecciones presidenciales habrá en 2012 en México y en Venezuela. En el primer lugar es noticia la ventaja en las encuestas que lleva el candidato del PRI, partido que gobernó durante 70 años y cuyo autoritarismo con gestos electorales fue tan bien definido por Mario Vargas Llosa como "la dictadura perfecta". La noticia en el segundo caso es que la oposición venezolana ha vuelto a tener esperanzas, surgidas más de una renovada vitalidad al tener cinco caras frescas que se disputan la candidatura que se enfrentará al presidente Hugo Chávez, quebrantado por el cáncer durante 2011. Ellos son los gobernadores Pablo Pérez y Henrique Capriles, la asambleísta María Corina Machado, el exalcalde Leopoldo López y Diego Arria, diplomático. La coalición Mesa de la Unidad Democrática seleccionará el 12 de febrero al candidato opositor que disputará el 7 de octubre la presidencia a Chávez. De la salud del mandatario venezolano, como se discutió ampliamente en 2011, poco se sabe salvo que a partir de junio fue tratado en Cuba, y que él ha declarado que está limpio de cáncer y listo para seguir en el Gobierno. La pésima situación en Venezuela, que sobrevive a una delincuencia sin freno y bajo un Gobierno definido por el analista Andrés Oppenheimer como "narcisista-leninista", hace que la oposición abrigue esperanzas de que su tiempo ha llegado.
Mientras aguarda la cita electoral, Chávez puede presumir de que intentó en este año la consolidación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, el CELAC, un nuevo mecanismo regional, que excluye a Estados Unidos y Canadá, y al que pocos le ven futuro, pero también podrá decir que ha logrado normalizar plenamente las relaciones con Juan Manuel Santos, el presidente de Colombia. En su visita a Caracas, a finales de noviembre, Santos fue recibido con la sorpresa de que había sido detenido Maximiliano Bonilla Orozco, conocido como el Valenciano, uno de los criminales más buscados por la policía colombiana. La noticia remataba el buen año de Santos, que logró al inicio de ese mismo mes dar un golpe de gran calado a las FARC, con la muerte de Alfonso Cano, máximo comandante de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, caído en un operativo de militares colombianos. Las FARC respondieron tres semanas después al asesinar a cuatro de sus más antiguos rehenes, tres policías y un sargento, muertes que llenaron de indignación a Colombia, que diez días después rechazó con una jornada de protesta pacífica en muchas ciudades del país la violencia de las FARC. Al cierre del año, Santos (que logró ratificar el tratado de libre comercio con Estados Unidos que llevaba cinco años en trámite) pudo informar a su país de que en Colombia se registra el índice de asesinatos más bajo en 27 años.
Por su parte, los mandatarios de Bolivia y Ecuador enfrentaron durante este año cuestionamientos que son ya parte de su biografía del poder, término usado por Enrique Krauze. En 2011 el presidente Evo Morales se enfrentó a una de las mayores protestas desde que llegó al poder en 2006 y la que marcó un antes y un después con respecto a su base de apoyo. Un grupo de indígenas del Amazonas boliviano marchó durante 66 días, resistiendo incluso una represión policial, en protesta por la construcción de un proyecto de carretera que atravesaría el Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS). Morales se vio forzado a decretar en septiembre no solo la suspensión del proyecto, sino a emitir un mes después una ley que impide cualquier construcción similar en esa zona. Mientras, la gestión del presidente Rafael Correa fue criticada internacionalmente por su querella en contra del diario El Universo. El mandatario ecuatoriano acudió a los tribunales por una columna periodística relativa a los sucesos del 30 de septiembre de 2010, cuando su Gobierno enfrentó una revuelta policial. El gobernante cree que en esa tribuna se le injurió. Cuatro directivos del diario fueron condenados en julio a cárcel y a una multa por 40 millones de dólares. El caso ha suscitado las críticas de organismos de defensa de la libertad de expresión como la Sociedad Interamericana de Prensa.
El analista Moisés Naím ha revisado con puntualidad cómo Chile, una sociedad acostumbrada desde hace años a un apacible sitio en los rankings que miden desarrollo, ha protagonizado las protestas más prolongadas (ocho meses) y que han puesto en aprietos al Gobierno y a la oposición que no han sabido articular una respuesta que satisfaga a los estudiantes que demandan cambios en el modelo universitario chileno. Liderados por Camila Vallejo, una estudiante de Geografía de 23 años, miles de chilenos han exigido que el costo de la educación superior no termine por asfixiar a las familias. Según Naím, parte de la protesta surge porque Chile ha venido abatiendo la pobreza (en los ochenta era el 45% de la población y hoy representa el 14%), con lo que se abre una agenda de reclamos de la clase media: "Chile es el país latinoamericano donde la percepción del progreso que tiene la gente ha sufrido la mayor disminución. También es el país donde más ha caído la satisfacción con la manera como está funcionando la democracia y hay una fuerte caída del apoyo de los chilenos a su modelo económico", escribió Naím en noviembre.
Ahora se abren incógnitas en torno a dos Gobiernos: el de Cuba y el de Perú. El presidente Raúl Castro decepcionó al finalizar el año, cuando no hizo buenos los pronósticos que hablaban de que la serie de cambios emprendidos a lo largo del año incluirían la esperada reforma migratoria. La liberación de 2.900 presos condenados por delitos menores -un "gesto humanitario" ante la visita del Papa a La Habana el próximo marzo- supuso otra frustración más.
La otra incógnita la representa el presidente peruano Ollanta Humala, cuya naciente gestión -asumió el poder en el 28 de julio de 2011- aún no da muestras de cuál será el talante que imprima a su Gobierno, que ha sido calificado en las últimas semanas como uno que está viviendo un giro hacia la derecha. El presidente Humala ha enfrentado en esta primera etapa de su mandato un problema por el rechazo a un multimillonario complejo minero en la región de Cajamarca, que le obligó a declarar el estado de alerta. Ante la protesta de los habitantes de la región, el mandatario cambió de jefe de gabinete. Eso se interpreta como una señal de que, si bien para ganar la presidencia moderó su discurso de izquierdista radical, quizá el péndulo ha viajado hasta el otro extremo.
Finalmente, en Argentina se supo el 27 de diciembre que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner padece un cáncer de tiroides. Los pronósticos son optimistas, pero la noticia llega en uno de los momentos más críticos para ella, que tras jurar de nuevo el mandato el 10 de diciembre pasado reavivó su confrontación con los grandes grupos mediáticos y con la poderosa Confederación General del Trabajo (CGT). Diversos analistas creen que Argentina tendrá que pasar por un ajuste económico más pronto que tarde si quiere seguir la buena marcha de los últimos años. La presidenta, que ganó con más de 54% de los votos y tiene el control en las cámaras legislativas, hizo pasar en diciembre una agenda de leyes que incluye dos que han resultado polémicas: una mediante la cual el Gobierno, que participa en la empresa Papel Prensa de la que son codueños el grupo Clarín y diario La Nación, intervendrá y regulará la venta del papel para los diarios al declarar de interés nacional la producción, comercialización y distribución del principal insumo de diarios y revistas. La otra ley que ha suscitado críticas, incluso de las abuelas de Plaza de Mayo, es una en contra del lavado de dinero y financiación del terrorismo, a la que se le reprocha de ser demasiado vaga. -